𝐃𝐈𝐀𝐑𝐈𝐎 📆

Es un domingo de 2002 y son las 10 de la mañana. Con mi cabeza recostada sobre la almohada, mis oídos perciben vagamente el ruido de la TV a todo volumen, y sé inmediatamente que mi papá es quien la está viendo. En casa de mis tíos suena "En mi escritorio" de Sensación Latina, y las risas de mis primos que juegan en el patio se combinan con mi estado de ánimo. Me levanto de mi cama y me dirijo al comedor; huele a pápalo y así sé que comeré consomé. Me como mis tacos de chicharrón con nopales y queso doble crema. Después mi mamá me viste para ir al mercado. 

Al caminar, puedo ver bolsas de paletas que cuelgan de un lazo, sostenidas con unas pinzas para la ropa, y me divierte de la misma manera que me divierten el color de los helados bien ordenados en los refrigeradores de las neverías. Así también, el papel que cae de las piñatas colgadas que se deslizan sobre mis ojos, y como el sonido del globero que se ve interrumpido por las bocinas de quien vende CD's. Llegamos a un puesto de juguetes, mi papá me pregunta qué quiero, pero me es difícil decidir entre el kit para hacer pulseras, el juego de té azul de la Cenicienta o el de los pescaditos que tiene agüita, pero siempre sucumbo al mismo objeto, una libreta. 

Más tarde, al llegar a casa, corro a abrir mi juguete; en ese momento, solo puedo pensar en que ya tengo muchas libretas, que debí haber pedido el kit de pulseras. Me dura poco el arrepentimiento y comienzo a pensar en qué escribir; pero no se me ocurren grandes ideas, así que solo pongo mi nombre, porque pienso convertir aquel cuaderno en un diario.